27 febrero, 2017

Elige es con ge, Canal Sur

Esta vez el elige lo recogemos de un telediario de Canal Sur de hace un par de semanas (aprovecho para celebrar que mañana es el día de la Comunidad Autónoma Andaluza), demostrando una vez más que la información está reñida con la ortografía según en qué cadenas... o quizá la desinformación partidista, quién sabe. Para muestra un botón (colateralmente aparece el líder de Podemos)




En fin, también para Canal Sur, que debería informarnos a la vez que entretenernos sin conseguirlo siempre, y acorde a muchas otras que tampoco lo hacen: elige es con ge

23 febrero, 2017

Paseo en la bici de 10 kilómetros

Acabo de venir de dar una vuelta en la bici, 10 kilómetros casi, algo sobrehumano para mi estado de forma actual.

40 minutos rodando entre polvo arenoso del Sáhara, calima que estos días pinta nuestras casas de marrón, que engalana nuestros coches de un barro desértico, lodo creado por las finas gotas de lluvia que también de vez en cuando hacen acto de presencia.

Recuerdo haber hecho un par de stops y llegar a una rotonda donde un par de coches locos se pitaban entre sí. Luego me crucé con una chica que iba en bici, más fresca aún que yo, con un cinturón estrecho como pantalón, pasando seguramente fresquito mientras yo la miraba congelado con mis shorts y mi camiseta técnica térmica. Más arriba paso junto a las pistas de baloncesto donde unos chicos no dan una, y ya en el carril bici me cruzo con un joven que lleva una gran banasta con ruedas transportada por su bici.



Cerca ya de la siguiente rotonda una madre me señala y le llama la atención a su pequeño que va en mini-bici: "mira ese hombre con la bici"... paso la rotonda inmediatamente porque el semáforo está en rojo y encaro la cuesta que tanto me cuesta... Paro y bebo en el siguiente semáforo y cruzo hacia la segunda parte, aún más dura. Ahí me cruzo con otro par de bicis y sudo la gota gorda hasta llegar al llano que me lleva al último cuestarrón, y unos individuos pasan haciendo el loco con sus coches, individuos que son de un determinado lugar, raza, credo o lo que sea... pero siempre los mismos...

Encaro la cuesta y la subo con dificultad, es mi primer día y el corazón no da abasto, pero llego al final, no sin ser adelantado mientras por otros 2 coches haciendo carreras, barrio divertido este.

Bajo a 60 kilómetros por hora a la velocidad del rayo, con el sonido de viento abrazándolo todo, llenando de maravillosas sensaciones el momento, mientras evito que el aire frío entre en mi boca y me protejo el pecho con las manos, así, mientras disfruto de unos segundos únicos, así mientras comienzo a frenar para no comerme rotonda alguna...

Así, llego a la rotonda y comienzo a hacerla, y un individuo de los que por aquí pululan que está esperando, me ve venir y acelera, no me lo como pero hubiera deseado ser de goma para hacerlo... menudo patán, menuda panda de patanes pululan por el barrio entre gente fetén.

Encaro la cuesta abajo, feliz y tranquilo, pasando junto a unos universitarios, me adelanta otro de esos tipos, en un huevo conducido por su mujer, que casi me roza, él de copiloto con un perrito pequeño mirando altivo despreciando, despreciable patán de nuevo...



Y así hago un par de rotondas más y me dirijo por una zona muy cambiada, antaño lugares conocidísimos derribados o abandonados, ahora parques y jardines... así sigo intentando no saltarme los semáforos y tras pedalear tras el rebufo de una mujer madura en bici antigua de las de canastita, llego a mi rotonda y me lanzo en ese último descenso hasta casa, en una tarde que ya sufre la caída del sol, sol que parece una luna entre tanta calima.

Al llegar, la aplicación móvil me da el resultado... 14 kilómetros por hora, una bagatela al lado de los 18-19 que otras veces hayamos podido hacer, pero esta vez estaba solo, y esta vez era un comienzo, y así, de esta forma damos pistoletazo de salida a la temporada, con un curioso objetivo a cumplir: los 90 kilómetros de ida y vuelta a un pueblo perdido en la sierra, precioso pueblo con un pantano a sus pies, ya os iré contando, o quizá me lo guarde para mí, para eso mando yo :p   (sí, si no es la primera vez que pongo un emoticono en muchos años, es la segunda).

18 febrero, 2017

Todos tenemos algo que sólo nosotros sabemos

Decía el otro día un señor de esos que entienden de literatura, de filosofía, de artes plásticas, naturales, sociales, informática, recreo o educación física que todos tenemos algo que sólo nosotros sabemos, y que por eso la única manera de conservar ese conocimiento es expresándolo, ya sea de voz, ya sea escrito o incluso puede que telepáticamente, quién sabe...

Es algo que ya he comentado muchas veces en el blog, mi famoso "si tenéis algo que decir, que escribir, decidlo, escribidlo, porque si vosotros no lo hacéis, nadie lo hará, y se pierde...". Es otra forma de expresar que todos somos únicos, que no hay dos iguales, y que todos y cada uno de nosotros tenemos conocimientos que nadie más tiene, y por eso deberíamos expresarlos, todos y cada uno de nosotros, alfabetos y analfabetos, letrados e iletrados, todos deberíamos tener ese lugar reservado para hacerlo, nuestra propia palestra, nuestra tarima, nuestro estrado, donde decir lo que nadie puede decir, donde contar nuestra propia novela, donde gritar a los cuatro vientos: esto soy yo, esto es mío, y ahora os lo lego para el futuro...



Yo llevo ya demasiados años lanzando botellas al mar, y mientras tenga tiempo parece que no dejaré de hacerlo, e incluso cuando no lo tenga, cuando vengan los quintillizos, lo intentaré cuando pueda, cuando tenga un hueco, cuando cumplan los 28...  Otros no lo habéis hecho aún, pero hacedlo, ha de saberse, es conocimiento que se pierde sin duda en la nada, en la amalgama de las almas perdidas y olvidadas.

No, no hablo de rajar sobre la vecina del quinto ahora fallecida, que se beneficiaba al del butano semana tras semana, eso no tiene gracia alguna salvo que sea clave para entender nuestro presente, nuestro futuro, que lo dudo... pero sí quizá de sus motivaciones, para expresarlas, motivaciones propias de un individuo como ella, que un buen día supo ver que su marido también le ponía los cuernos con su secretaria, y ni corta ni perezosa se lanzó al adulterio vengativo.

No, no hablo de detalles nimios como esos, no hablo más que de la propia vida, de sentimientos, de inclinaciones, de explicar y entender cómo somos, humanos que vagamos perdidos en un mundo que no entendemos y que siempre volvemos a tener que explicarnos, porque los ancianos que sí que lo entienden y conocen van desapareciendo sin dejar rastro, sin dejar ese poso... Sí, las ciencias tienen otra suerte, porque ellas van almacenando todo en libros, y es fácil leerlos y recordar lo que tantos hicieron, incluso la burguesía francesa del siglo XIX o la inglesa, o los episodios nacionales españoles de hace más de un siglo tienen el recuerdo gracias a decenas, a cientos de novelas. Incluso el siglo XX tiene su Colmena, su Nada, teniendo así un recuerdo la gente que hizo de verdad la historia, pero... ¿quién almacenó el conocimiento de Paula la frutera de la esquina, que murió con 97 años sin hijos ni nietos vivos ya?, ¿quién ordenó los pensamientos de Desiderio el cabrero de la Sierra de Segura?, ¿quién plasmó en viejos papeles las letanías de la bisabuela de Carlos, el huraño burgués de 80 años que se consume en su propio recuerdo del tiempo que pasó?  Nadie... y se perdieron, porque ellos sabían algo que nadie más sabía, y no lo contaron, nadie les ayudó, y ya, todo eso es irrecuperable.

¿Vais a dejar vosotros que todo lo que nadie más sabe se pierda? ¿Vais a permitir que de vosotros no quede más que un hueco en las estadísticas?, ¿seréis otra alma olvidada?, ¿vais a ser capaces de pasar de puntillas por este mundo sin aportar nada?, ¿no se os ocurre alguna forma de salvar a las generaciones venideras de la ignorancia salvando para siempre lo que sólo vosotros podéis decir?

Pensadlo, y cuando lo tengáis claro, simplemente: decídnoslo, aquí estamos nosotros, todos los demás para aplaudiros...

14 febrero, 2017

Felíz San Valentín

Pues eso, hoy es el día de los enamorados, día en el que a diferencia de los otros 365 (o 364 en años no bisiestos) sí podéis expresar lo que sentís y decir a los cuatro vientos que vuestro corazón es ya propiedad de alguien, sea en usufructo, quizá sólo en alquiler o en renta vitalicia. Hoy es el momento de comprar empalagosos empalagos en el Corte Inglés, de volver a reverdecer viejos laureles, de recordar tantos momentos pasados, de miraros a los ojos brillantes como aquel día del primer beso y tener en cuenta que sois los más afortunados del mundo por tener esas bonitas reacciones químicas en vuestro organismos. Yo, como todos vosotros también lo soy, también las tengo, y sé que ememe también las tiene.

Así que seáis un trío, una pareja hetero, una pareja homo, una pareja bi, un cuarteto, quizá una bacanal, una persona y un animal, dos ancianos, dos niños, dos robots, dos seres inanimados, dos o tres ectoplasmas o incluso uno solo, a todos vosotros, enamorados y enamoradas de este universo llamado Universo: ¡Feliz Día de San Valentín, patrón de los enamorados!



Y para los que no tenéis esta inmensa suerte de estar enamorados, dure uno o cien años, para todos vosotros, no lo olvidéis, optimismo, luz, primavera para todos vosotros, esta es la primera vez que escribo sobre este maravilloso día de celebración en 11 años de blog, así que es una ocasión especial tanto para nosotros como para vosotros, y yo he estado en vuestro lado y en el mío, y sé que en ambos se puede pasar bien, así que: ¡Feliz día de la Amistad!

10 febrero, 2017

París bien vale un paseo maratoniano

París es una de esas ciudades que uno ha de visitar por lo menos una vez durante la vida. Bueno, el París de la actualidad, o por lo menos el París del siglo XX en adelante, cuando ya tenía conformado su estado actual, monumental, grandioso, evocador y romántico en todos los sentidos.

París es la Torre Eiffel, y sin ella casi no se entendería ya, megaconstrucción decimonónica que por entonces fue el edificio más alto del mundo, y que ahora palidece frente a la pujanza asiática. Torre Eiffel que sigue siendo un imponente y mastodóntico amasijo de hierros, que te impresiona al aparecer ya detrás de edificios altísimos, que te alucina al estar junto a sus patas y que te epata al mirar desde su cúpula el viejo y el nuevo París.



Dicen que París bien vale una misa, o lo dijo aquel, pero sin duda bien vale un largo paseo, una auténtica maratón por sus enormes avenidas jalonadas de bellos edificios, de palacios derrochadores de arte, de neoclásicas Asamblea Nacional o Madeleine (esa copia del Partenón que a este le hace palidecer), de plazas y puentes megalíticos, de iglesias sorprendentes o de columnas y torres que se erigen petulantes al cielo.



París del amor, París del Tour de Francia con sus Campos Elíseos, la Plaza de la Concordia y su Arco del Triunfo al fondo uno de otro, como diciendo atrévete a llegar en un rato que verás cómo te duelen los pies, caminando un camino que ya te hizo pasar por la Columna de Vendome, el Obelisco de Luxor o esa noria chauvinista... A lo lejos, Napoleón nos mira desde los Inválidos.
 




A mí París me quedó aquella vez como asignatura pendiente, y esta otra vez no quise desaprovecharlo y me lancé en solitario a la conquista de la capital, empapándome de cada columna y cada piedra, de cada monumento, palacio o estatua; rodeando el Louvre, tocando su cristalera piramidal, comiéndome sus crépes y gallétes, sus confits y sus créme broulée. Paseando a lo largo de la orilla del Sena junto a Ratatouille, cenando en el lugar más antiguo de Montmartre bajo el Sacre Coeur, oh, la lá...





A mi París no se me quedó a medias, con su Grand Chapelle y su majestuosa Notre Dame, con sus gárgolas y su jorobado incluidas, al lado de su descomunal ayuntamiento, el Hotel de Ville, gran manzana de esa orilla cercana a la Ille de la Cité... todo eso un día, y otro caminando nuevamente como locos hacia la Ópera Garnier mientras de lejos veíamos la torre de Montparnasse, Parnaso parisienne...




Mientras, metro arriba metro abajo, desde Nation a Reilly, desde Michel Bizot a Charles de Gaulle, pasando por Daumesnil o Vendome, líneas que en media hora te llevan a la velocidad del rayo a cualquier lugar.

París es así, con sus miserias y sus grandes virtudes, la ciudad turística más visitada, con el monumento de pago más visitado del mundo, cómo no iba a ir allí, a tratar con los franceses y luego a contárselo a los españoles, y a millones de turistas, cómo no.



Sí, las fotos nocturnas no son lo mismo, París bien vale una mañana soleada, pero no siempre uno tiene tiempo, no siempre es fácil llevar juntos el trabajo y el placer, pero una piernas doloridas y una casi invalidez temporal merecen la pena, por eso no lo dudo: París bien vale un paseo maratoniano.

04 febrero, 2017

Dejadnos ser niños, dejadnos jugar


Un pequeño ejército de soldaditos de plástico puede dar lugar a una guerra entera, puede ser un equipo de fútbol, una manifestación, un grupo de elfos en busca de anillo perdido o los viajeros del espacio de una nave construida con un Meccano.

Un camioncito a escala 1:1000 puede ser un transporte para esos mismos soldaditos, un coche de fórmula 1, un ciclista famoso o parte de la obra de un Exin Castillo...



La caja de una bicicleta puede ser un fuerte, una nave espacial, un disfraz, una canasta, un animal mitológico o incluso servir para guardar el Meccano, el Exin Castillo y todos los soldaditos y camioncitos.

Una caja puede ser también un trasto inservible y reciclable, un camioncito puede ser un aburrido objeto inanimado para niños pobres, y un pequeño ejército de soldaditos una réplica a escala de algo maligno que tampoco tiene pilas ni hace cosas solo, por lo que obviamente hemos de tirarlos a la basura o en cualquier caso arrinconarlos para siempre...



A la misma vez, un niño puede ser la más potente de las armas del Universo cuando juega con su imaginación, cuando fluye más allá de los usos y costumbres, cuando con su inocencia maltrata nuestra coherencia y las propias reglas de la física, la psicología y lo políticamente correcto, cuando se convierte en un espíritu libre que aprovecha los únicos años de su vida en los que se le va a permitir jugar, porque más adelante la vida no dejará lugar a ello.

Y por supuesto, un niño también puede ser un ser alienado por una pantalla de 7 pulgadas, que sólo se emboba y divierte cuando el cacharro emite sonidos y se mueve, cuando no tiene que hacer nada más que mirar y tocar con el dedo para esperar que la diversión la cree el aparato, programado milimétricamente para hacer sólo lo que sabe hacer, moverse, sonar y ser gráficamente casi perfecto... infinitamente menos posibilidades de las que le darían los soldaditos, camioncitos o el Meccano...


Eso que queda totalmente oculto bajo una caja de tablet o smartphone comprados en los Reyes de niños de 5 años es imaginación, y es un don que muchos estamos escamoteando a nuestros hijos, el don de ver el mundo de otra forma, no de la forma estructurada, clara y bien definida que a todos nos hace sencillas las cosas, no convirtiéndolos en autómatas que siguen reglas a rajatabla y que acuden a actividades extraescolares que supuestamente les harán unos Einstein o Mozart, no, el don de ver el mundo con sus propios ojos, el don de ver el mundo como nadie lo ve, el don de ver el mundo de miles de formas según el día y la hora.

Ya hay voces que lanzan al aire la idea de que la forma de jugar moderna está haciéndoles perder a los niños su infancia y las grandes posibilidades que esta les abre. Ojo, no seré yo el que diga que los videojuegos no son extremadamente divertidos, que lo son, pero también seré el que diga que el aburrimiento es el más maravilloso de los motores que tienen los niños, porque es capaz de encender nuestra imaginación, y cuando vuela es imparable.

Si en el momento en que nuestro niño se aburre 2 segundos, le damos la tablet para que se "trague" las series o toquetee una aplicación machaconamente repetitiva sobre recolectar platanitos, estamos robándole su infancia, no lo olvidemos.



No, no van a ser tontos de mayores, eso nunca ha pasado ni pasará, pero simplemente digo que les estamos robando algo, algo que todos los padres tuvimos y que ellos no podrán disfrutar. No, no digo que si en 1930 hubiesen existido la Play o las tablet no nos hubiéramos hartado todos de jugar a ellas de pequeños, porque es así, lo hubiéramos hecho, pero sí, nosotros que podemos discernir y sabemos lo maravilloso de tener esos momentos más allá de los dispositivos electrónicos, dejémosles consigo mismos, pensando, aburriéndose y dándole vueltas a cómo entretenerse... y si aún así no se les ocurre nada, no corramos por la electrónica, démosle una oportunidad a nuestros propios cerebros y pensemos también...

Lógicamente estoy a favor de que cuando son bebés se utilicen estos cacharros para que coman o se entretengan en viajes, etc... pues al final tienen algo que antes no había (antes había que entretenerlos de otra manera, y no estaban tan espabilados por tanta atención y estímulos, por lo que era más fácil que cualquier mínimo estímulo les ayudara a comer, cosa que ahora es difícil con tantos) y hay que saber aplicar la tecnología para nuestro beneficio, pero no la usemos siempre y en todos los casos, pensemos en ellos, dejémosles ser niños, dejémosles jugar...