23 febrero, 2017

Paseo en la bici de 10 kilómetros

Acabo de venir de dar una vuelta en la bici, 10 kilómetros casi, algo sobrehumano para mi estado de forma actual.

40 minutos rodando entre polvo arenoso del Sáhara, calima que estos días pinta nuestras casas de marrón, que engalana nuestros coches de un barro desértico, lodo creado por las finas gotas de lluvia que también de vez en cuando hacen acto de presencia.

Recuerdo haber hecho un par de stops y llegar a una rotonda donde un par de coches locos se pitaban entre sí. Luego me crucé con una chica que iba en bici, más fresca aún que yo, con un cinturón estrecho como pantalón, pasando seguramente fresquito mientras yo la miraba congelado con mis shorts y mi camiseta técnica térmica. Más arriba paso junto a las pistas de baloncesto donde unos chicos no dan una, y ya en el carril bici me cruzo con un joven que lleva una gran banasta con ruedas transportada por su bici.



Cerca ya de la siguiente rotonda una madre me señala y le llama la atención a su pequeño que va en mini-bici: "mira ese hombre con la bici"... paso la rotonda inmediatamente porque el semáforo está en rojo y encaro la cuesta que tanto me cuesta... Paro y bebo en el siguiente semáforo y cruzo hacia la segunda parte, aún más dura. Ahí me cruzo con otro par de bicis y sudo la gota gorda hasta llegar al llano que me lleva al último cuestarrón, y unos individuos pasan haciendo el loco con sus coches, individuos que son de un determinado lugar, raza, credo o lo que sea... pero siempre los mismos...

Encaro la cuesta y la subo con dificultad, es mi primer día y el corazón no da abasto, pero llego al final, no sin ser adelantado mientras por otros 2 coches haciendo carreras, barrio divertido este.

Bajo a 60 kilómetros por hora a la velocidad del rayo, con el sonido de viento abrazándolo todo, llenando de maravillosas sensaciones el momento, mientras evito que el aire frío entre en mi boca y me protejo el pecho con las manos, así, mientras disfruto de unos segundos únicos, así mientras comienzo a frenar para no comerme rotonda alguna...

Así, llego a la rotonda y comienzo a hacerla, y un individuo de los que por aquí pululan que está esperando, me ve venir y acelera, no me lo como pero hubiera deseado ser de goma para hacerlo... menudo patán, menuda panda de patanes pululan por el barrio entre gente fetén.

Encaro la cuesta abajo, feliz y tranquilo, pasando junto a unos universitarios, me adelanta otro de esos tipos, en un huevo conducido por su mujer, que casi me roza, él de copiloto con un perrito pequeño mirando altivo despreciando, despreciable patán de nuevo...



Y así hago un par de rotondas más y me dirijo por una zona muy cambiada, antaño lugares conocidísimos derribados o abandonados, ahora parques y jardines... así sigo intentando no saltarme los semáforos y tras pedalear tras el rebufo de una mujer madura en bici antigua de las de canastita, llego a mi rotonda y me lanzo en ese último descenso hasta casa, en una tarde que ya sufre la caída del sol, sol que parece una luna entre tanta calima.

Al llegar, la aplicación móvil me da el resultado... 14 kilómetros por hora, una bagatela al lado de los 18-19 que otras veces hayamos podido hacer, pero esta vez estaba solo, y esta vez era un comienzo, y así, de esta forma damos pistoletazo de salida a la temporada, con un curioso objetivo a cumplir: los 90 kilómetros de ida y vuelta a un pueblo perdido en la sierra, precioso pueblo con un pantano a sus pies, ya os iré contando, o quizá me lo guarde para mí, para eso mando yo :p   (sí, si no es la primera vez que pongo un emoticono en muchos años, es la segunda).