04 febrero, 2017

Dejadnos ser niños, dejadnos jugar


Un pequeño ejército de soldaditos de plástico puede dar lugar a una guerra entera, puede ser un equipo de fútbol, una manifestación, un grupo de elfos en busca de anillo perdido o los viajeros del espacio de una nave construida con un Meccano.

Un camioncito a escala 1:1000 puede ser un transporte para esos mismos soldaditos, un coche de fórmula 1, un ciclista famoso o parte de la obra de un Exin Castillo...



La caja de una bicicleta puede ser un fuerte, una nave espacial, un disfraz, una canasta, un animal mitológico o incluso servir para guardar el Meccano, el Exin Castillo y todos los soldaditos y camioncitos.

Una caja puede ser también un trasto inservible y reciclable, un camioncito puede ser un aburrido objeto inanimado para niños pobres, y un pequeño ejército de soldaditos una réplica a escala de algo maligno que tampoco tiene pilas ni hace cosas solo, por lo que obviamente hemos de tirarlos a la basura o en cualquier caso arrinconarlos para siempre...



A la misma vez, un niño puede ser la más potente de las armas del Universo cuando juega con su imaginación, cuando fluye más allá de los usos y costumbres, cuando con su inocencia maltrata nuestra coherencia y las propias reglas de la física, la psicología y lo políticamente correcto, cuando se convierte en un espíritu libre que aprovecha los únicos años de su vida en los que se le va a permitir jugar, porque más adelante la vida no dejará lugar a ello.

Y por supuesto, un niño también puede ser un ser alienado por una pantalla de 7 pulgadas, que sólo se emboba y divierte cuando el cacharro emite sonidos y se mueve, cuando no tiene que hacer nada más que mirar y tocar con el dedo para esperar que la diversión la cree el aparato, programado milimétricamente para hacer sólo lo que sabe hacer, moverse, sonar y ser gráficamente casi perfecto... infinitamente menos posibilidades de las que le darían los soldaditos, camioncitos o el Meccano...


Eso que queda totalmente oculto bajo una caja de tablet o smartphone comprados en los Reyes de niños de 5 años es imaginación, y es un don que muchos estamos escamoteando a nuestros hijos, el don de ver el mundo de otra forma, no de la forma estructurada, clara y bien definida que a todos nos hace sencillas las cosas, no convirtiéndolos en autómatas que siguen reglas a rajatabla y que acuden a actividades extraescolares que supuestamente les harán unos Einstein o Mozart, no, el don de ver el mundo con sus propios ojos, el don de ver el mundo como nadie lo ve, el don de ver el mundo de miles de formas según el día y la hora.

Ya hay voces que lanzan al aire la idea de que la forma de jugar moderna está haciéndoles perder a los niños su infancia y las grandes posibilidades que esta les abre. Ojo, no seré yo el que diga que los videojuegos no son extremadamente divertidos, que lo son, pero también seré el que diga que el aburrimiento es el más maravilloso de los motores que tienen los niños, porque es capaz de encender nuestra imaginación, y cuando vuela es imparable.

Si en el momento en que nuestro niño se aburre 2 segundos, le damos la tablet para que se "trague" las series o toquetee una aplicación machaconamente repetitiva sobre recolectar platanitos, estamos robándole su infancia, no lo olvidemos.



No, no van a ser tontos de mayores, eso nunca ha pasado ni pasará, pero simplemente digo que les estamos robando algo, algo que todos los padres tuvimos y que ellos no podrán disfrutar. No, no digo que si en 1930 hubiesen existido la Play o las tablet no nos hubiéramos hartado todos de jugar a ellas de pequeños, porque es así, lo hubiéramos hecho, pero sí, nosotros que podemos discernir y sabemos lo maravilloso de tener esos momentos más allá de los dispositivos electrónicos, dejémosles consigo mismos, pensando, aburriéndose y dándole vueltas a cómo entretenerse... y si aún así no se les ocurre nada, no corramos por la electrónica, démosle una oportunidad a nuestros propios cerebros y pensemos también...

Lógicamente estoy a favor de que cuando son bebés se utilicen estos cacharros para que coman o se entretengan en viajes, etc... pues al final tienen algo que antes no había (antes había que entretenerlos de otra manera, y no estaban tan espabilados por tanta atención y estímulos, por lo que era más fácil que cualquier mínimo estímulo les ayudara a comer, cosa que ahora es difícil con tantos) y hay que saber aplicar la tecnología para nuestro beneficio, pero no la usemos siempre y en todos los casos, pensemos en ellos, dejémosles ser niños, dejémosles jugar...